

Timotea Sandoval era más que una ama de casa. Ella nació para traer luz, vida, y esperanza a las personas que cruzaron su camino. Ella era la matriarca de la familia Arredondo y Sandoval que falleció el 7 de febrero a los 76 años. Ella deja un legado de devoción, persistencia, y mucho corazón.
Nacida el 22 de Agosto de 1949 en un humilde rancho llamado Las Yerbas en Dolores Hidalgo, Guanajuato. Sus papás, Maximino Arredondo y Timotea Ramirez Mata la criaron juntos a sus hermanos y hermanas en el rancho del prieto. Durante su niñez, ella ayudaba a sus padres con los quehaceres de la casa. Preparaba el mis tamal, traía agua del pozo, limpiaba y cuidaba de sus hermanos más chicos. Sus pasatiempos favoritos eran cuidar de sus flores y pájaros.
A los 16 años su corazón le llamó hacia Dios. Con la ayuda de su papá Maximino conoció al señor cura. De allí su vida comenzó a caminar al norte. Timotea llegó a Baja California, México y empezó su devoción a dios, la religión católica, y su comunidad. Después de unos años ella decidió dejar el convento y camino más al norte. Ella cruzó la frontera y recorrió el sur de California. Tomó varios trabajos como, cuidadora de niños y ancianos, fábricas de pescado y costura. En una fábrica de costura conoció a José Luis Sandoval. Él la miró en la parada de autobús y en ese momento se plantó una semilla de amor.
Timotea y Jose Luis se casaron por el civil en 1976. Sentaron cabeza en Tijuana, México. Abrieron una tienda de abarrotes, y tuvieron su primer hijo Jesús el 14 de diciembre del mismo año. Su presencia en la frontera empezó a motivar a sus hermanos, hermana y sobrinos para
seguir el mismo camino. Años pasaron y tuvieron a Jose Luis Jr y a Juana Elena. En 1984 decidieron emigrar a California. Con sus tres hijos llegó a un curato en Oceanside, California. En estos años ella tomó el nombre de “Maria” para asimilarse a EEUU.
Como todos que emigran a los EEUU, Maria tenía metas de cumplir el sueño Americano para ella y su familia. Ella y su esposo Jose Luis junto a su hijo mayor Jesus fueron un equipo imparable. Maria y Jose Luis continuaron trabajando en varios sitios para poder salir del cuarto a un apartamento. Después de unos meses lograron mudarse a “los azules” en otra parte de Oceanside. Aquí, Maria tenía el espacio para hospedar familiares que cruzaban a los EE.UU. A finales de los ochentas, tuvieron su hijo más chico, Moises y alquilaron una casa en Oceanside. Esto fue un gran orgullo para Maria y su esposo.
Ella siempre soñaba y trabajaba duro para que sus hijos y hija tuvieran lugar para jugar y tener animales sin quejas. En los noventas, Maria tuvo a su hija menor, Marisol. El nacimiento de Marisol cambió su vida una vez más. Ella decidió dedicarse a ser ama de casa y trabajadora comunitaria. En estos años creó canchas de fútbol para niños del barrio, enseñaba español en el Valderrama, y daba clases de manejo. Maria tenía una tenacidad y creía que la ayuda comunitaria estaba disponible para todos, uno no más tiene que preguntar.
Estos pensamientos le ayudaron a traer cambio a su tierra natal, el prieto. Con frecuencia visitaba a su papá anciano. Lo cuidaba y lo ayudaba con sus tierras. El mantenimiento de las tierras la llevó a buscar ayuda gubernamental. En esta lucha encontró asistencia que cambió la economía del rancho. Esto trajo pozos de agua, una barredora de tunas, y comercio a las familias de rancho.
Este esfuerzo fue posible con el apoyo de su esposo, hijos, sobrinos, sobrino nietos, y sus amistades de niñez.
En el dos mil nueve, su vida volvió a cambiar. Maria sufrió un derrame que la dejó con discapacidad. Ella tuvo que aprender a caminar y hablar de nuevo. Después de unos meses ella recuperó la mayoría de su habla y usaba un bastón para caminar. Esto fue posible con la ayuda y la guía de su hijo mayor y el soporte de su esposo, hijos, amistades y familia. Su progreso le permitió volver a ser la matriarca de la familia y abuela de sus tres nietos.
Sus últimos años estuvieron llenos de pláticas en el teléfono, besos de la perrita Marley, novelas, leyendo textos religiosos, tamales, abrazos fuertes de sus nietos, hijos, hijas, sobrinos, sobrinas y familia. Maria logró mucho por su familia y comunidad en los dos lados de la frontera pero su tesoro más grande fue su familia. Timotea ya se reunió con su esposo Jose Luis y su hijo Jesus en el cielo donde seguirán siendo un equipo imparable.
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v.1.18.0