A lo largo de su vida, Maria Araceli se distinguió por un corazón abierto y una mano siempre dispuesta a servir. Con una generosidad constante, le gustaba ayudar a toda la gente—amigos o familia—y lo hacía con una calidez que dejaba huella. Fue una mujer de fe, íntegra y honesta, cuya manera de vivir reflejaba convicciones firmes y un profundo sentido de lo correcto.
Su entrega diaria también habló de una vida trabajadora y paciente: una presencia confiable, atenta a las necesidades de quienes la rodeaban. Cariñosa y siempre preocupada por su familia, amó con especial ternura a sus nietos y a su bisnieto, a quienes guardó en el centro de su corazón.
En Diaz Ordaz, Maria Araceli fue una vecina ejemplar y una amiga apreciada por todo el pueblo. Hoy, quienes la conocieron la recuerdan como una mujer querida y profundamente valorada, cuya bondad y cuidado permanecen en la memoria de su familia, amistades y vecinos.
Maria Araceli le sobreviven su amado esposo Carlos Guzman V; sus hijos Juan Carlos (Mireya), Alejandro, Denisse (Mario), y Damaris (Elias) Guzman Gonzalez; y tambien deja a sus nietos y bisnieto.
Que su recuerdo siga siendo consuelo y gratitud para todos los que tuvieron el privilegio de compartir la vida con ella.