Mariela nació y creció en Fillmore, hija querida de José Rosario y María Enriquez, y hermana devota de su querido hermano Álvaro Enriquez. Era conocida por su espíritu vibrante, su corazón compasivo y su inquebrantable lealtad a sus seres queridos.
Residente de Fillmore durante toda su vida, Mariela conmovió a muchas personas con su calidez, amabilidad y una fortaleza serena. Llenó de alegría y luz cada habitación que visitaba y poseía un don único para hacer que los demás se sintieran vistos, escuchados y amados.
Mariela fue una enfermera dedicada, una vocación que ejerció con gran pasión y empatía. Su atención amable, su fortaleza y su presencia inquebrantable brindaron consuelo a innumerables pacientes y familias en sus momentos más vulnerables. Sus colegas la recuerdan como una fuente de calma, valentía de inspiración en cada turno que trabajó.
Le sobreviven sus padres, José Rosario y María Enríquez, su hermano Álvaro y un amplio círculo de familiares y queridos amigos que la extrañarán profundamente.
La vida de Mariela, aunque breve, estuvo llena de momentos de risas, resiliencia y profunda conexión. Su recuerdo será atesorado por todos quienes la conocieron.