

Nació el 15 de octubre de 1939 en Cuernavaca, México. Desde muy pequeña comenzó a trabajar para ayudar a sus hermanas, ya que vivió las dificultades de la guerra siendo apenas una niña. A pesar de asumir responsabilidades desde temprana edad, ninguna de las adversidades logró endurecer su corazón. Al contrario, siempre estuvo dispuesta a tender la mano y ayudar a todo aquel que lo necesitara.
Emigró a los Estados Unidos y nunca se olvidó de ninguno de sus hijos. En cuanto tuvo la oportunidad, hizo todo lo posible para reunirlos con ella, llevándolos también a este país.
Antes que nada, fue una gran madre, además de una amorosa hija, abuela y amiga. Como solía decir cuando le preguntaban: "¿Cómo está?" Ella respondía con una sonrisa: "Como Santa Elena... como Doña Eduviges." Quienes tuvieron el privilegio de conocerla saben cómo continuaba esa expresión. Conservó su buen humor hasta el final de sus días, hasta que Dios la llamó a su lado el 18 de julio de 2026.
Nuestra mamá fue una mujer fuerte ante la adversidad, una luchadora incansable y una verdadera guerrera. Enfrentó cada prueba de la vida con valentía, fe y una fortaleza admirable. Nunca permitió que las dificultades definieran su camino; al contrario, las convirtió en oportunidades para levantarse con más fuerza.
Fue una mujer generosa, siempre dispuesta a ayudar a quien lo necesitara, sin esperar nada a cambio. Su corazón era inmenso, y para ella no existían imposibles cuando se trataba de brindar amor, apoyo y esperanza.
Nos deja la más grande de las enseñanzas: que no importa cuántas veces la vida nos haga caer, sino cuántas veces tengamos el valor de levantarnos. Su ejemplo será nuestra guía y su amor, nuestra fortaleza.
Hoy le decimos adiós con el corazón hecho pedazos, pero también con la convicción de seguir adelante como nos enseño sin rendirnos jamás, con la frente en alto, con fe en Dios y con el amor que sembró en nuestras vidas.
Gracias por cada abrazo, cada consejo, cada sacrificio y cada muestra de amor incondicional. Descanse en paz, mamá. Hoy se reúne con Dios, nuestro Señor, y aunque la extrañaremos cada día de nuestras vidas, confiamos en que algún día volveremos a encontrarnos.
La amaremos por siempre.
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v.1.18.0