

May 24, 1944 – April 24, 2025
Olger Otazu was born in Arequipa, Peru, on May 24, 1944. He passed away peacefully on April 24, 2025, surrounded by his children and loved ones, just shy of his 81st birthday. He was the youngest son of Vicente Otazu and Dionicia Neyra.
Olger's early education included attending the prestigious military academies Francisco Bolognesi in Arequipa and Leoncio Prado in Lima—both requiring competitive entrance exams, a testament to his discipline and intelligence from a young age.
In 1969, Olger immigrated to the United States with the initial goal of saving ten thousand dollars and returning home. But after recognizing the promise of greater opportunity, he made the courageous decision to stay. He was always deeply grateful to the Espinoza family and friends who offered support and a place to call home in a new country. Through determination, hard work, and a resilient spirit, he built a life rooted in love, purpose, and integrity. He was ambitious, goal-driven, and focused—never out of greed, but from a deep desire to create a better future for his family.
Olger married Hilda Lila Paredes, and together they raised three children—Janice, Jeffery, and Jaclyn. He was the proud grandfather of Nathan and Mia. He worked tirelessly to provide for his family, serving as a skilled machinist at companies like Weiser Lock, McDonnell Douglas, and Eaton Corporation. His strong work ethic was matched only by his deep love and commitment to his family. He made a point to be present at soccer games, school events, or performances, always showing up with pride and support. Later in life, he took on the role of devoted caregiver to his wife, showing unwavering patience and love until her final moments.
A proud Arequipeño, Olger was passionate about Peruvian food, music, and especially soccer—his beloved team, Sporting Cristal, was always close to his heart. He played the game well into his 80s, and if he wasn't on the field, he was watching matches, often rewatching old games just for the joy of it. He formed strong bonds with his teammates and had a gift for making friends easily, welcoming new people into his life with openness and warmth.
When not on the soccer field, Olger enjoyed classic westerns with actors like Glenn Ford and John Wayne. He loved playing cards with friends into the early morning hours, tackling sudoku puzzles, and sharing quiet, meaningful moments with family. His adventurous spirit led him on many travels—camping, hiking, and even driving from California all the way to Peru, creating lasting memories and stories that will live on.
Olger was humble, generous, and full of life. He inspired those around him with his quiet strength, resilience, and ever-positive outlook. He believed in saving more than spending, in kindness over complaint, and in lifting others up whenever he could. His presence was steady and strong, and his impact will continue to be felt by all who knew and loved him.
A good heart has stopped beating, but the love, lessons, and legacy Olger leaves behind will live on forever.
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Olger Otazu Neyra
24 de mayo de 1944 – 24 de abril de 2025
Olger Otazu nació en Arequipa, Perú, el 24 de mayo de 1944. Falleció en paz el 24 de abril de 2025, rodeado del amor de sus hijos y seres queridos, a pocos días de cumplir 81 años. Fue el hijo menor de Vicente Otazu y Dionicia Neyra.
Desde joven, Olger demostró gran disciplina e inteligencia. Estudió en las reconocidas escuelas militares Francisco Bolognesi de Arequipa y Leoncio Prado de Lima, ambas instituciones con exigentes exámenes de ingreso.
En 1969, emigró a los Estados Unidos con la intención de ahorrar diez mil dólares y regresar al Perú. Sin embargo, al ver el potencial de una vida con mayores oportunidades, tomó la valiente decisión de quedarse. Siempre estuvo profundamente agradecido con la familia Espinoza y los amigos que lo apoyaron en este nuevo país y lo ayudaron a construir un hogar. Con esfuerzo, dedicación y determinación, Olger forjó una vida basada en el amor, el trabajo y la integridad. Era un hombre ambicioso, pero nunca por codicia—su motivación siempre fue el bienestar de su familia.
Se casó con Hilda Lila Paredes, con quien formó una hermosa familia junto a sus tres hijos: Janice, Jeffery y Jaclyn. Fue un abuelo orgulloso de Nathan y Mia. Trabajó incansablemente para brindar estabilidad y oportunidades a su familia, desempeñándose como tornero especializado en empresas como Weiser Lock, McDonnell Douglas y Eaton Corporation. Su ética de trabajo fue igualada solo por su profundo amor por sus seres queridos. Siempre estuvo presente en los eventos escolares, presentaciones y partidos de fútbol de sus hijos. Más adelante, se convirtió en el principal cuidador de su esposa, a quien acompañó con infinita paciencia y amor hasta su último aliento.
Olger fue un Arequipeño orgulloso de sus raíces, amante de la comida peruana, la música y, sobre todo, el fútbol. Su equipo fue Sporting Cristal, y jugó al fútbol hasta los 80 años. Cuando no jugaba, lo veía—muchas veces repitiendo partidos simplemente por el placer de revivirlos. Tenía un círculo amplio de amigos y una facilidad natural para entablar nuevas amistades. Recibía a todos con el corazón abierto.
En casa, disfrutaba de las películas del viejo oeste, especialmente con actores como Glenn Ford y John Wayne. Le encantaba jugar cartas con amigos hasta altas horas de la madrugada, resolver sudokus y compartir momentos tranquilos con su familia. Su espíritu aventurero lo llevó a vivir muchas experiencias inolvidables: acampadas, caminatas, y un viaje único manejando desde California hasta el Perú, dejando huellas y recuerdos en cada paso del camino.
Olger fue un hombre humilde, generoso y lleno de vida. Inspiró a todos los que lo rodeaban con su fortaleza silenciosa, su resiliencia y su actitud positiva. Creía en el ahorro más que en el gasto, en la bondad antes que en la queja, y siempre buscaba ayudar a los demás a alcanzar su máximo potencial. Su presencia era firme y reconfortante, y su legado perdurará en quienes lo conocieron y amaron.
Un gran corazón ha dejado de latir, pero el amor, las enseñanzas y el ejemplo de Olger vivirán para siempre.
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v.1.18.0