

Carlos Javier Chávez Arámburo nació en un pueblo, El Quelite, Sinaloa, de padres María de Jesús e Isauro Chávez. Fue el décimo hijo de doce. Desde niño empezó a trabajar vendiendo pan y, eventualmente, se metió en el negocio de pescador.
A los 15 años se migró hacia Tijuana con la intención de cruzar la frontera a Estados Unidos. Trabajando en camiones fue donde conoció a Teresa Gonzales. Ahí brotó una amistad que eventualmente se convirtió en amor, y tuvieron tres hijos: Laura Olivia, Aracely y Edgar Javier.
Carlos siempre fue muy trabajador y un muy buen proveedor para sus hijos y su esposa Teresa. Siempre fue muy atlético; desde joven le gustaba el karate. Se mudaron a San Diego, donde él trabajaba en una compañía de mantenimiento de jardinería. Eventualmente ocurrió un accidente que lo dejó parapléjico en silla de ruedas.
Aunque enfrentó esta tragedia, Carlos siguió adelante: jugaba deportes en su silla de ruedas, participaba en carreras, jugaba golf y basketball, y antes le gustaba surfear, mientras asistía a la escuela Southwestern College.
Carlos dejó a su esposa Teresa viuda y a sus dos hijas, Laura y Aracely. Ahora descansa con su hijo Edgar Javier Chávez. Dejó a su nieta Kahmilah y a sus dos nietos, Sebastián y Najji, así como a sus bisnietos Ichirou, Imayah, Aleyah, Ilahnie e Izaiyah.
Carlos fue un hombre muy humilde y lleno de amor; siempre ayudaba con sus nietos y bisnietos. Fue muy famoso por sus comidas, especialmente el arroz mexicano y sus desayunos de estilo Denny’s. Le fascinaban las luchas y ver todos los deportes, en especial a sus San Diego Chargers y San Diego Padres. En su último año pidió una gorra de los Los Angeles Dodgers, quienes ganaron la Serie Mundial.
A Carlos Javier le fascinaba reunirse con la familia cada fin de semana, y se emocionaba al acompañar a sus familiares en bodas, quinceañeras, cumpleaños y muchos otros eventos a lo largo de los años.
Carlos fue un hombre de mucha fe. Asistió y perteneció a la parroquia San Carlos por más de 40 años, donde participó en el programa RCIA y en retiros y cursillos. Carlos y Teresa estudiaban la Biblia a diario y veían la misa todos los días por televisión juntos.
Carlos fue un hombre muy valiente y siempre encontraba el lado ligero de la vida. Su familia lo va a extrañar profundamente, y hará mucha falta en todas nuestras vidas.
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v.1.18.0