

Josefina Domínguez nació en 1937 en Chihuahua, México. Contrajo matrimonio con Eleazar Cano, con quien formó una familia de seis hijos. Tras la pérdida de su esposo, cuando sus hijos aún eran pequeños, asumió con fortaleza y amor la responsabilidad de criarlos. Dedicó su vida a ellos, haciendo siempre de su familia su mayor prioridad y enseñándoles, con su ejemplo, el valor del sacrificio, la unión y el amor incondicional.
En 1973 dedicó su vida a Jehová Dios al bautizarse como Testigo de Jehová, sirviéndole fielmente durante más de cincuenta años. Su fe firme y la esperanza en las promesas bíblicas guiaron cada etapa de su vida y fueron un ejemplo constante para sus seis hijos, quienes también sirven fielmente a Jehová hasta el día de hoy. Sin duda, ese fue uno de los legados más valiosos que dejó a su familia. Para quienes tuvimos el privilegio de conocerla, fue una mujer noble, alegre y de gran personalidad. Su espontaneidad al ponerse a cantar o bailar, su contagiosa risa, sus sabios consejos, su generosidad y el cariño que brindaba hicieron de ella una persona inolvidable.
La llegada de sus nietos fue una de las mayores alegrías de su vida. Encontraba felicidad en las cosas sencillas: compartir tiempo con ellos, escuchar sus ocurrencias, jugar y verlos crecer. Su paciencia, ternura y amor hicieron que cada uno de ellos se sintiera profundamente querido.
Falleció rodeada del amor de su familia el 26 de julio de 2026 en Alhambra, California. Le sobreviven sus hijos Jorge, Luis Raúl, Silvia, Myrna, Héctor y Samuel; cuatro nueras, un yerno y sus nietos Isabella y Aidan Cano, además de muchos otros familiares y amigos que conservaran con cariño el recuerdo de su vida y de su ejemplo.
Fue la matriarca de nuestra familia y el corazón que nos mantuvo unidos durante tantos años. Su ausencia deja un profundo vacío, pero también una inmensa gratitud por el amor, las enseñanzas y los recuerdos que nos regaló. Siempre será nuestra querida "Chotita", como cariñosamente la llamábamos.
Aunque hoy la despedimos con profunda tristeza, también lo hacemos con la misma esperanza que sostuvo toda su vida. Su texto bíblico favorito, Apocalipsis 21:3, 4, encierra una de las promesas más consoladoras de Jehová: que llegará el día en que
"la muerte ya no existirá, ni habrá más tristeza, ni llanto, ni dolor". Con plena confianza en esa promesa, esperamos con anhelo el momento en que Jehová la resucite para vivir en el nuevo mundo que él ha prometido, donde podremos volver a abrazar a nuestra querida "Jefecita" y disfrutar de su amor y compañía para siempre.
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