Raúl nació en Jalisco, México, tierra que siempre llevó en el corazón. A lo largo de su vida, fue una persona alegre, amable y profundamente apasionada por las cosas simples pero significativas: disfrutaba viendo películas, escuchando música y, sobre todo, paseando a su querida perrita Simoneta, especialmente por la playa, uno de sus lugares favoritos.
Quienes lo conocieron recordarán su sonrisa sincera, su amor por los animales y su sensibilidad para apreciar los pequeños momentos de la vida.
Raúl deja un legado de amor, tranquilidad y recuerdos entrañables. Su ausencia deja un vacío inmenso, pero su memoria vivirá por siempre en los corazones de quienes lo amaron.