
January 25, 1975 – September 30, 2026
With profound sadness and immense love, we announce the passing of our beloved mother, wife, grandmother, and friend, Reyna Patricia Coutiño Aguilar, who passed away on September 30, 2026.
Reyna was born in Puerto Madero, Chiapas, México, on January 25, 1975. Throughout her life, she was surrounded by the family she loved so deeply. She leaves behind her loving husband, Ernesto Zamora Contreras; her children, Silvia Guadalupe Zamora Coutiño, Kelly Zamora Coutiño, and Ernesto Adolfo Zamora Coutiño; and her beloved grandchildren, Rayo and Coco.
There were so many qualities that made Reyna loved by everyone fortunate enough to know her. She was open-hearted, loving, caring, welcoming, and always willing to extend a helping hand to someone in need. She was fiercely protective of the people she loved. Her family and the village she created around herself meant everything to her, and she always made sure that everyone was cared for, supported, and knew they had a place with her.
One of the many ways Reyna expressed her love was through cooking. It didn’t matter whether she prepared an elaborate meal or the simplest dish—somehow, everything she made tasted exquisite. The secret ingredient was always the same: she made it with love. Her food brought people together, filled more than just their stomachs, and created memories her family will carry with them forever.
And then there were her plants. They were her other babies, right alongside her children and godchildren. She cared for them with the same patience, tenderness, and love that she poured into the people around her. Watching something grow and flourish under her care was simply part of who she was.
Above all, Reyna was a woman of extraordinary strength.
Throughout her journey with breast cancer, she fought with everything she had. Even during the most difficult moments, she continued forward with courage and positivity. She fought and fought until the very end, never allowing cancer to define the woman she was. Her strength was not only in how long she fought, but in the love, hope, and determination she continued to give to everyone around her throughout that fight.
To us, she wasn’t simply strong. She was the strongest woman we have ever known.
Her absence leaves a space that can never truly be filled. But the love she gave us remains—in every meal made with love, every plant that continues to grow, every family gathering, every act of kindness, and every moment when we protect and care for one another the way she taught us to.
Her life was a reminder that family is not only the people we are born to, but also the village we create, nurture, protect, and love along the way.
Although we would give anything to have more time with her, we are forever grateful for the years, memories, lessons, laughter, and unconditional love she gave us.
Reyna Patricia Coutiño Aguilar will forever be loved, forever be missed, and forever live within the hearts of everyone whose life she touched.
Descansa en paz, Mamá.
Tu amor, tu fuerza y tu recuerdo vivirán por siempre en nosotros.
En Memoria de Reyna Patricia Coutiño Aguilar
25 de enero de 1975 – 30 de septiembre de 2026
Con una profunda tristeza, pero también con un inmenso amor y gratitud por la vida que compartimos con ella, anunciamos el fallecimiento de nuestra amada Reyna Patricia Coutiño Aguilar, una maravillosa esposa, madre, abuela, madrina y amiga, quien partió de este mundo el 30 de septiembre de 2026.
Reyna nació el 25 de enero de 1975 en Puerto Madero, Chiapas, México. A lo largo de su vida construyó una familia y un hogar llenos de amor. Deja para honrar su memoria a su amado esposo, Ernesto Zamora Contreras; a sus hijos, Silvia Guadalupe Zamora Coutiño, Kelly Zamora Coutiño y Ernesto Adolfo Zamora Coutiño; y a sus queridos nietos, Rayo y Coco.
Nuestra mamá tenía tantas cualidades que hicieron que fuera querida por muchísimas personas. Era una mujer de corazón abierto, amorosa, cariñosa, generosa y siempre dispuesta a tenderle la mano a quien lo necesitara. Tenía la hermosa capacidad de hacer sentir bienvenido a cualquiera que llegara a su vida.
Era profundamente protectora con los suyos. Para ella, cuidar de su familia y de todas las personas que formaban parte de su círculo era una prioridad. Siempre se aseguraba de que su gente estuviera bien, que no les faltara nada y, sobre todo, que supieran que podían contar con ella. La familia que formó iba mucho más allá de los lazos de sangre; ella creó una verdadera comunidad de personas unidas por su cariño.
Una de las maneras más especiales en las que demostraba su amor era a través de la comida. Le encantaba cocinar. No importaba si preparaba un platillo elaborado o la comida más sencilla; todo lo que hacía sabía exquisito porque siempre tenía un ingrediente que nunca faltaba: su amor.
Sus comidas no solamente alimentaban el cuerpo; reunían a la familia, creaban momentos de felicidad y nos dejaron recuerdos que llevaremos con nosotros para siempre.
Y, por supuesto, estaban sus plantas. Después de sus hijos y ahijados, ellas eran sus otros bebés. Las cuidaba con cariño, paciencia y dedicación. Verlas crecer y florecer bajo sus cuidados era simplemente otro reflejo de la mujer que ella era: alguien que tenía el don de cuidar, proteger y dar vida a todo aquello que amaba.
Pero si algo definió a Reyna fue su inmensa fortaleza.
Durante su lucha contra el cáncer de mama, nos demostró una y otra vez lo extraordinariamente fuerte que era. Peleó con todas sus fuerzas hasta el último momento. Incluso durante los días más difíciles, trató de enfrentar su enfermedad con valentía y una actitud positiva.
Nunca permitió que el cáncer definiera quién era.
Su fortaleza no solamente estuvo en cuánto luchó, sino también en la manera en que continuó amando, sonriendo, cuidando de los demás y manteniendo la esperanza aun cuando ella misma estaba atravesando momentos increíblemente difíciles.
Para nosotros, ella no solamente fue una mujer fuerte.
Fue la mujer más fuerte que hemos conocido.
Su partida deja un vacío imposible de llenar, pero su amor permanece con nosotros. Estará presente en cada comida preparada con amor, en cada planta que florezca, en cada reunión familiar, en cada acto de generosidad y en cada ocasión en la que cuidemos y protejamos a nuestra familia como ella nos enseñó.
Su vida nos enseñó que la familia no solamente está formada por aquellas personas con quienes compartimos sangre, sino también por todas aquellas personas que elegimos amar, cuidar y hacer parte de nuestro hogar.
Daríamos cualquier cosa por tener más tiempo a su lado, pero estaremos eternamente agradecidos por cada año, cada recuerdo, cada enseñanza, cada comida, cada risa, cada abrazo y, sobre todo, por el amor incondicional que nos regaló.
Reyna Patricia Coutiño Aguilar será amada por siempre, extrañada por siempre y vivirá eternamente en los corazones de todas las personas que tuvieron la dicha de conocerla.
Descansa en paz, Mamá.
Tu amor nos acompañará siempre.
Tu fortaleza vivirá en nosotros.
Y mientras nosotros estemos aquí, tu recuerdo jamás morirá.
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