

Lilia Trujillo de Quezada nació el primero de marzo de 1953 en Purépero Michoacán a dos padres que la querían muchísimo, Avelina Cendejas y Julian Trujillo Torres. Ellos inculcaron en ella un respeto por Dios, la Biblia, y la importancia de valorar a la familia. Lilia fue la décima de 11 hijos que tuvieron sus padres. Sus hermanos y hermanas son: Carmela, Antonio, Maria, Juan, Gilberto, Eloisa, Lupe, Amador, Rodolfo, y Margarita.
Lilia empezó a trabajar en un restaurante de Uruapan llamado El Emperador como cajera cuando conoció al que llegaría a ser el amor de su vida, Salvador Quezada. Decidieron compartir sus vidas juntos y se casaron marzo 6, 1976. Pronto después, Lilia quedó embarazada de su primera hija, Maria. Lamentablemente Maria falleció unos días después de nacer. Esto les causó mucho dolor a los dos pero felizmente el segundo de mayo de 1979 nació su primer hijo, Salvador Quezada III y al año siguiente se vinieron a Estados Unidos.
Lilia, aunque lejos de su familia en México, continuaba cuidando y apoyándolos como pudiera. Fue conocida por su generosidad y hospitalidad, siempre estando presta para ayudar con lo que necesitaran. Después de establecerse en Estados Unidos tuvieron a su segundo hijo, Eduardo Quezada en mayo 16, 1987. Al pasar los años ella seguía recordando lo que había escuchado de niña y por ello cuando se mudaron a Anaheim, ella aceptó un estudio bíblico y eventualmente se dedicó y bautizó como Testigo de Jehová en Septiembre 29, 2001.
De allí en adelante empezó su carrera espiritual que duró el resto de su vida. Esa relación que formó con Jehová Dios dio forma a sus relaciones tanto con su familia como con desconocidos. Ella pudo contar con el apoyo de su esposo para el tiempo que ella dedicaría a asuntos espirituales y el celo y gozo que ella tenía en la predicación y las reuniones demostraba cuánto amaba a Jehová. Este amor la motivó a empezar el precursorado regular donde ella pudo dedicar 70 horas cada mes para ayudar a otros a acercarse a Jehová. Aun durante la pandemia, con la ayuda práctica de su esposo, ella fielmente cumplió con el requisito de horas hasta que su salud se lo permitió.
Ella fue un excelente ejemplo también en demostrar abnegación cuando su hijo se fue a Betel a Nueva York. Aunque se le hizo difícil tenerlo lejos, siempre le dio su apoyo en todo sentido a él y después también a su nuera Darlene. Otro de sus gozos más grandes fue cuando se convirtió en abuelita cuando su hijo Salvador y su nuera Margarita tuvieron a Alex y tres años después a Samantha. No cabía duda de cuanto ella amaba a su familia y siempre estuvo dispuesta a hacer lo que fuera necesario para ellos.
El impacto que Lilia ha tenido en todos los que la conocieron vivirá para siempre, cada quien recordando algo especial que compartió con ella, ya sea salir a las esquinas juntas, disfrutar de una rica comida, o verla feliz de jugar con sus nietos. Fue una excelente hija, hermana, esposa, madre, suegra, abuelita, amiga, y sierva de Jehová. Una mujer genuina, chistosa… que le encantaba reír y bailar, era fuerte (aunque ella no lo creyera), y sacrificada para los que amaba y más que nada para Jehová. Sus cualidades la encariñaron con cualquiera que la conociera y esas cualidades produjeron una persona hermosa tanto por fuera como por dentro.
Hasta sus últimos momentos, ella solo pensaba en otros y en Jehova, manteniendo su lealtad a Él. La muerte no es el punto final en la historia de la vida. Es solo una coma, una pausa, seguida por una vida sin fin. Esperamos darle la bienvenida en la resurrección en el futuro paraíso terrenal. Hasta ese entonces, permanecerá en la memoria de Jehová y en nuestros corazones.
SHARE OBITUARYSHARE
v.1.18.0